La equitación, un deporte para amar, para vivir y para morir

La equitación, un deporte para amar, para vivir y para morir

La adrenalina y el riesgo: dos factores claves en la vida de un jinete
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Cuando pensamos en la práctica hípica lo primero que viene a nuestra cabeza son hermosos caballos montados por jinetes de alto nivel, sin embargo en muchas ocasiones no sabemos todas las horas de esfuerzo y sacrificio que hay detrás, además de los riesgos que conlleva.


Así, a pesar de todo el trabajo que requiere, existe un sentimiento que predomina por encima de cualquier cosa, y que provoca que en la mente del propio jinete se olviden el resto de circunstancias que puedan suponer un obstáculo o un miedo para la práctica de la equitación. Se llama amor, es decir ese sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser. Este es el caballo, el que lo lleva a todas su victorias, y para el que vive y ama de forma incondicional.


En la actualidad tenemos grandes jinetes en el panorama nacional que han demostrado en multitud de ocasiones su entrega a este deporte. Entre ellos se encuentran Carlos Catalán, fallecido recientemente mientras hacía aquello que más amaba, quien consiguió grandes triunfos a lo largo de su trayectoria profesional. Asimismo, cabe mencionar a Juan Matute, todo un ejemplo de superación. Después de sufrir un derrame cerebral, ya se encuentra en las pistas con una sonrisa de oreja a oreja y unos ojos brillantes lleno de emoción y felicidad, a lomos de “Guateque IV” su gran compañero de batallas y de triunfos. Por último, mencionar a la yoqueta Nieves García, primera mujer ganadora de un Gran Premio de turf en España.


La equitación un deporte de adrenalina y de riesgo al que se le podrían añadir mil adjetivos más, no obstante el que más llena el corazón de felicidad y satisfacción, y más cuando se van cumpliendo todos los retos para solo sumar victorias.