Quizás sea solo un bloqueo mental

Quizás sea solo un bloqueo mental

La ausencia de un juego coral con orden, sentido y lógica, es quizás la principal causa de una derrota que llega por encima de los 30 puntos. Más que un equipo, la selección nacional de Cuba mostró por momentos cinco hombres en cancha compitiendo por el mismo objetivo, pero sin unidad ni idea clara.
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Foto tomada de FIBA.


Un partido por momentos intenso y reñido y en general aburrido y casi sin sentido. Así se vivió el juego entre Cuba y República Dominicana, que podría incluso decirse que al final, Dominicana jugó con Cuba.

 

La selección de la mayor de las Antillas ha experimentado un crecimiento cualitativo desde hace algunos años, sobre todo si tomamos como referencia el bronce alcanzado en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Barranquilla 2018. El proceso de maduración que han tenido los tres principales exponentes de la nómina ha repercutido en el juego del equipo y crea una mayor expectativa en las presentaciones del mismo, entiéndase como las figuras a Jasiel Rivero, Javier Justiz y Karel Guzmán. 


Con las contrataciones de casi todos los preseleccionados nacionales en ligas extranjeras se suponen que se eleva el listón competitivo y por ende, con las nuevas vivencias obtenidas en esos circuitos, mejorará el colectivo nacional. Entonces, llama mucho la atención el pobre desempeño alcanzado en la duela y la casi anarquía que se vivía por momentos cuando Cuba dominaba el balón. 


La ausencia de un juego coral con orden, sentido y lógica, es quizás la principal causa de una derrota que llega por encima de los 30 puntos. Más que un equipo, la selección nacional de Cuba mostró por momentos cinco hombres en cancha compitiendo por el mismo objetivo, pero sin unidad ni idea clara. 


A pesar de contar con un organizador de experiencia como Osmel Oliva, que ha conseguido durante su carrera números de más de 20 puntos por partidos en casi todos los torneos en los que ha intervenido, su habilidad de conducir al plantel ha sido ineficiente hasta el momento. El entrenador José Ramírez buscó alternativas con Yuniskel Molina controlando el balón o Yoanki Mensía en esa función, pero el engranaje de la maquinaria terminó aún peor de lo que estaba y solo la guía planteada por Karel Guzmán tuvo efecto momentáneo.


Esos cinco minutos del tercer cuarto donde el número 0 anotó ocho puntos y con él llegó el envión anímico al plantel que tuvo un buen desempeño. Más allá de ese margen de tiempo donde se mostraron capaces de plantar cara al rival, el resto del partido queda casi para el olvido. Y quizás, el problema no sea falta de nivel o que los nuestros no están acostumbrados a competir tanto tiempo, quizás pasa más por un bloqueo mental.


Es conocido que muchos equipos de nuestro país, de esta generación, sufren en momentos importantes y se desploman cuando es inalcanzable el objetivo. Esta selección quizás experimenta lo mismo, porque no es entendible que en esos últimos diez minutos de juego solo Karel y Jasiel pidieran el balón, que nadie defendiera, que nadie pusiera el brazo fuerte para provocar una falta enviando un mensaje claro al rival de que, sí quiere ganar, tendrá que enfrentar una dura oposición.


Quizás sea eso, un bloqueo mental, aunque no oculta las carencias que tienen muchos jugadores, desde lo tácito hasta lo simple de poner un bloqueo al compañero y saber continuar. Esas deficiencias existen, cierto, pero también es cierto que con ellas se alcanzó un marcador de solo dos puntos de diferencia en el tercer cuarto y se logró ganar ese tramo del partido.


Estableciendo un paralelismo, algo similar ocurrió en el primer juego de estas clasificaciones. Ante Islas Vírgenes Estadounidenses las lagunas mentales abundaron en la Ciudad Deportiva de La Habana, casi como si de un mar se tratara. La mayoría de los baloncestistas cubanos tuvo oídos sordos ante el reclamo de su entrenador de no intentar triples, debido a la poca efectividad que presentaron en la noche, resultado, solo dos encestados en 32 oportunidades. En esa oportunidad la diferencia era de ocho puntos al cierre del tercer parcial y el último segmento quedó para el olvido, en este caso por un rendimiento igual al mostrado ante los quisqueyanos.


La contraparte llegó tres días después ante el mismo rival. Mayor orden, mejor guía y una ventaja tempranera permitieron que la concentración de los cubanos no disminuyera y ampliaran el marcador a medida que se consumían los minutos.


Entonces, quizás sea eso, el bloqueo mental que nubla la vista de los cubanos y ciega sus ganas de ganar, restándole fuerza en sus saltos y disminuyendo su capacidad de luchar. Quizás sea eso, que necesitan centrarse con tiempo y haber pisado la cancha en un momento de rigor para acostumbrar al cuerpo y la mente a lo que significa competir otra vez. Quizás si jugaran dentro de tres días contra el mismo oponente podrían competir mejor, incluso triunfar. Quizás no es tanto el nivel de juego, como el orden mental.


Quizás sea eso, solo un bloqueo mental.