Canelo gana pero no convence ¿está dejando legado su carrera?

Canelo gana pero no convence ¿está dejando legado su carrera?

El peleador mexicano derrotó el pasado sábado a Calum Smith y se confirmó como el peleador número uno libra por libra en un momento crítico para el deporte de los puños.
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La noche del sábado para Saúl “el Canelo” Álvarez en el Alamodome de Texas, fue comparable a un Paseo por el Zócalo de la capital mexicana. El peleador británico Calum Smith fue rival de igual categoría que cualquier peleador amateur o hasta de barrio, y el tapatío campeó tranquilamente por su respeto durante los doce asaltos del insípido “combate”. 

 

Y mira que NO lo digo yo solamente, la cadena de televisión Televisa   (famosa por inflar hasta el cansancio a cuanto boxeador mexicano aparezca, incluido el Canelo), mencionó en reiteradas ocasiones durante la pelea que lo ocurrido la noche sabatina invitó al sueño en muchos pasajes.


Y lo ocurrido NO es nuevo en la carrera del nacido en Guadalajara. Es el boxeador que a pesar de ser campeón en cuatro categorías diferentes, tener el contrato de televisón más grande de la historia del deporte y el apoyo irrestricto de los mexicanos en su tierra y en Estados Unidos, NO termina por convencernos del todo ( a muchos NO nos convence ni un poco).


 


Nadie se atreverá nunca a situarlo, sin importar lo que ha ganado hasta ahora o lo que pueda ganar en el futuro, en el mismo nivel de grandes campeones mexicanos como Julio César Chávez o Juan Manuel Márquez y ni hablar de los mejores de la historia como Cassius Clay o Floyd Mayweather Jr. Y la respuesta a esta singular disyuntiva podemos encontrarla en varios factores.


El primero de ellos es una razón más que obvia, repasando un poco la trayectoria del peleador tapatío una pregunta nos asalta de inmediato ¿a quién le ha ganado el Canelo? Y la respuesta es triste, tanto para él como para el boxeo mismo, en la única pelea ante un extraclase fue llevado a la escuela por Floyd Mayweather, derrotó a dos pugilistas top, aunque ya sus mejores épocas habían pasado (Miguel Cotto y Gennady Golovkin).


El resto han sido victorias ente rivales de poca monta (Chávez JR, este Smith, James Kirkland etc),  retazos de buenos boxeadores en hora bajas (Mosley o Kovalev) o triunfos extremedamente polémicos ante Erislandi Lara y la primera pelea ante el mencionado Gennady Golovkin.


El segundo es el propio carácter del Canelo. Su personalidad en extremo apática para nada hace clip con el aficionado que NO es mexicano, que para colmo lo considera un boxeador producto de la pseudo propaganda de las televisoras. Su falta de carisma NO lo podrá poner nunca a la altura de otros grandes taquilleros como Mayweather ( quien llenaba estadios con la esperanza de que perdiera) o Julio César Chávez ( quien es todo modestia y sencillez en el trato con la gente).


El tercero podríamos llamarlo una suerte de fatalismo, en la época donde le tocó boxear a Saúl Álvarez.  El sábado lo gritaba a los cuatro vientos el púgil mexicano, ¡Esta es la era del Canelo! expresaba como si fuéramos tontos quiénes lo escuchábamos. ¿Si NO es la era del Canelo, de quién sería?, podríamos contestarle. La realidad es que el jalisciense es el mejor libra por libra por auténtica decantación y más allá de Terrence Crawford, NO vemos otro púgil que pueda hacerle sombra. Sin tantos rodeos, si el Canelo es el rey libra por libra, así de mal está el boxeo.


 


Y NO pretendemos restarle ni ápice a la tremenda carrera del boxeador nacido en la capital de Jalisco, es un campeón más que legítimo, que ganó honradamente el dinero suficiente para que varias de las generaciones suyas vivan felices de la vida. Pero tampoco nos chupamos el dedo, sabemos que buena parte de sus peleas han sido escogidas a dedo ante el rival más cómodo para sus intereses y que buena parte de su fama, más allá de su talento innegable, es producto de la propaganda y la búsqueda constante en un país como México del gran ídolo deportivo. 

 

Que el Canelo dejará historia en el boxeo eso NO lo puede dudar nadie, pero que deje legado, lo pondré en entredicho siempre.