La Superliga y el fin del fútbol como lo conocemos

La Superliga y el fin del fútbol como lo conocemos

La Superliga es el resultado de años de prostitución del deporte al mercado y la supremacía de la industria del ocio sobre la esencia del juego.
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Javier Tebas y Emilio Butragueño. Foto: Europa Press


La conversación de bar, esa a la que se refería Javier Tebas cada vez que le preguntaban por la Superliga, desde ayer domingo es una realidad. Doce de los clubes más grandes del mundo decidieron romper la banca, recoger sus maletas y hacer su propia competencia. Cansados de ver como las Ligas, Federaciones y la UEFA monopolizaban y repartían las ganancias de sus torneos, entendieron que para llevarse a su bolsillo lo que entienden que merecen, lo mejor era independizarse.


“No puede ser que terceros usen nuestros derechos, nuestros activos y que muestren sus marcas para conseguir sus objetivos. Mientras, nosotros somos invitados sin derecho a abrir la boca”, expone un dirigente fundador de la Superliga a El País.



Florentino Pérez, Presidente Real Madrid. Foto: Europa Press


Arsenal, Manchester United, Manchester City, Chelsea, Liverpool, Tottenham, Real Madrid, Barcelona, Atlético de Madrid, Juventus, Inter de Milán, AC Milán con sus respectivos dueños o presidentes son los fundadores e ideólogos del nuevo torneo que regirá el mundo del balompié. Doce de los mejores empresarios, emprendedores, gestores y generadores de dinero se unieron para crear algo que les multiplicará las ganancias. Sí, porque la Superliga no va de fútbol, va de dinero. 



Steven Zhang presidente del Inter de Milán/Foto: Europa Press


De inicio los clubes fundadores, estos 12 más tres que todavía no se conocen, se repartirían 3.525 millones de euros. Los ingresos por la televisoras estarían sobre los 4000 millones para sumar más de 7000 millones. Se prevé que el campeón del torneo se lleva más de 500 millones, el que salga campeón de la Champions 20-21 se llevará algo más de 100, no hay color.



Andrea Agnelli, Presidente Juventus FC. Foto: Europa Press


Será un torneo cerrado con estos 15 clubes siempre presentes sin importar lo que hagan a nivel deportivo, mientras otros cinco serán invitados supuestamente por los resultados obtenidos el año anterior. Pero no se sabe exactamente qué requisitos deportivos o para qué ligas irán esas invitaciones. Los 20 participantes se dividirán en dos grupos de 10, clasificarán tres por llave de manera directa a los cuartos de final, en tanto cuarto y quinto de cada grupo jugarán un play off en busca de las dos últimas plazas a las rondas finales. Los ocho mejores disputarán una fase KO. Se jugaría entre semana, menos la final que sería un sábado.



Foto: Europa Press


La Superliga no es más que el resultado de los juegos de poder de los personajes que rigen el fútbol. Tipos más preocupados por el negocio que por el juego o la afición. Súper Copas en China, Arabia, pretemporadas que parecen más giras de Rockstars, que el momento donde los jugadores se preparan para un curso agotador. La celebración de un Mundial en diciembre, y en un país que viola un sinfín de derechos humanos, una elección de dudosa ética. Un fútbol cada vez con un mercado más inflado con clubes que ingresan 1000 millones, gastan 1000 millones y deben mil millones. Otros que generan ganancias pero sin tener resultados y que tratan a su afición solo como meros espectadores de sus decisiones empresariales.


Este torneo elitista es solo eso el resultado de años y años de convertirnos en clientes, consumidores de un producto cada vez más demandado, de hacernos creer que solo X torneo tiene valor y que lo único importante es lo que sucede entre los "grandes". Hay que hacer crecer el show, que no pare y así multiplicaremos las ganancias.


La verdad hasta cierto punto tiene atractivo la idea, varios juegos entre los mejores equipos cada semana, suena espectacular. Quizás los dos-tres primeros años sea algo superlativo, pero hipotéticamente ¿Qué pasaría en la cuarta temporada cuando en la fecha 15 haya un Milán-Arsenal con los gunners en las catacumbas de su grupo y el Milán en media tabla sin jugarse nada? ¿Será interesante un partido dónde sea cual sea el resultado no tendrá consecuencia para ninguno? No lo sé.


El fútbol tal y como lo conocemos brinda la posibilidad a cualquier club de pueblo, por muy chico que sea de sí hace las cosas bien, poder competir contra los mejores y con este torneo eso vuela por los aires. La meritocracia pasa a un segundo plano donde el valor de mercado manda, donde la cantidad de aficionados en redes sociales es lo importante. Y si bien las distancias en los últimos años entre poderosos y pobres se han ensanchado hasta reducir las sorpresas o los imposibles casi hasta cero todavía suceden, Ajax en 2019, Leicester en 2016, Mónaco en 2017, con la Superliga las distancias serán insalvables.


En el 2000 el Atlético estaba en segunda y el Valencia era finalista de Champions, 20 años más tarde los colchoneros son parte de los mejores clubes de Europa y los Ché se arrastran en liga. En dos décadas la dinámica cambió, este sistema el actual lo permite. Si llegase la Superliga, dentro de 20 años será casi imposible que el Valencia supere al Atlético.


Las ligas nacionales pierden su valor, dará igual el lugar en el que queden los equipos, no podrán las entidades excluidas de la Superliga jugar el mejor torneo de Clubes. Además su valor de mercado, sus derechos televisivos, el ticketing y el merchandising se desplomará. Se calcula por ejemplo que LaLiga perderá alrededor de 1800 millones de Euros.


¿Mejora al fútbol la SuperLiga? ¿Lo hace más justo? ¿Estos doce clubes fabricaron este torneo pensando en sus aficiones? ¿Tan siquiera se lo consultaron? ¿Le preguntaron a los futbolistas, los verdaderos protagonistas qué les parecía esta iniciativa? La verdad es que la única razón es dinero, el cual ya tienen mucho, pero necesitan más.



Jürgen Klopp mira el calentamiento de los jugadores del Leeds portando camisetas en contra de la Superliga / Lee Smith/PA Wire/dpa


Aitor Lagunas hoy en la revista Panenka escribía en un artículo titulado 'Nos robaron el fútbol':

"El 16 de marzo de 1872 fue histórico para el fútbol. No solo porque se disputara la primera final de la FA Cup, el torneo más antiguo del mundo. Sobre todo porque fue el primer partido en que se cobró por asistir. Aquellas taquillas a la puerta del Kennington Oval de Londres se instalaron para cobrar un chelín por espectador, porque los futbolistas ya no solo procedían de las escuelas elitistas sino también de las fábricas. Los primeros, hijos de familias adineradas, podían permitirse jugar al fútbol gratis, por puro hobby. Los segundos, no: el balón tenía que retribuirles las horas perdidas en la factoría. 


Así llegó el negocio a este deporte. Así llegó el profesionalismo, a petición de los clubes obreros del norte de Inglaterra en contra de los equipos elitistas del sur. Hoy suena paradójico pero el dinero entró en el fútbol para hacer menos pobres a los pobres, no más ricos a los ricos. 149 años después asistimos al reverso egoísta de aquella visión."


Pues eso a los forofos del fútbol de estos tiempos, a los que todavía que creemos en el deporte como forma de vida, a los que buscamos lo mejor del juego para ser mejores personas, nos toca asistir a la deshumanización del fútbol por parte del egoísmo desmedido de una minoría.