Ventanas eliminatorias, un formato que le sienta bien a la Argentina

Ventanas eliminatorias, un formato que le sienta bien a la Argentina

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La Copa del Mundo correspondiente al año 2023 se jugará en Asia (Filipinas, Japón e Indonesia), y con ello empezarán las distintas selecciones de los cinco continentes a ir en busca de su boleto. Argentina comenzará mañana ante Paraguay su travesía y este arranque coincidirá con el debut oficial de Néstor García al frente del seleccionado albiceleste.


Las ventanas fueron toda una novedad para la forma de competir de cara al Mundial. En otros tiempos los torneos clasificatorios se definían en un FIBA Américas a sede única, en una competencia de muchos partidos en pocos días (generalmente 10/12 días). Como punto positivo tenía en que se jugaba por fuera del calendario de competencia de clubes y cada combinado podía tener a sus figuras a disposición, a pesar de que siempre alguna que otra baja había de los protagonistas, ya sea por lesión o descanso tras una temporada exigente en la NBA o en la Euroliga.


Entre las cuestiones positivas que tiene este formato de ventanas (intentando de alguna manera emular a las eliminatorias del fútbol), lo bueno es que el público puede darse el gusto de ver a su selección jugando como local, un hecho por demás importante para el desarrollo y el marketing de la disciplina dentro del país anfitrión de turno. Argentina hizo su debut de eliminatorias en 2017 en La Rioja para el Mundial 2019, en el Superdomo y la concurrencia fue masiva  justamente en un estreno con triunfo ante Paraguay y donde por ejemplo, Luis Scola viajó desde China (donde estaba jugando) para jugar ese solo partido y retornar a Asia.


Las localías son el caballito de batalla, pero las bajas son la traba más fuerte de las ventanas, dado que ni la NBA y la Euroliga han llegado a un acuerdo para ceder a sus jugadores en fechas de eliminatorias. No están obligados y por consiguiente no lo hacen, por lo que muchas selecciones se ven disminuidas para la clasificación, como por ejemplo le ocurrió a Eslovenia, habiendo sido campeón Europeo con Luka Doncic y Goran Dragic, pero casi que no pudo contar con ellos para el pasaje al mundial y de hecho no lo consiguió, siendo el gran ausente en China 2019.


Argentina en este sistema de formato fue cuando empezó a engranar aquel equipo que luego terminó siendo subcampeón del mundo, con una primera fase con cinco triunfos y una sola derrota, como local en Olavarría ante Uruguay, donde para muchos había generado dudas y por ejemplo, un referente como Nicolás Laprovittola estuvo en el candelero de las críticas.


La segunda fase fue mejorada ostensiblemente y la química comenzó a verse con prestaciones de gran calibre como los triunfos en México, nuevamente como en el 2015, y una barrida en Formosa a Puerto Rico que denotaban que algo se estaba gestando y Scola lo percibía, en aquel entonces solo para la intimidad del plantel. La clasificación a la Copa del Mundo se dio tres fechas antes de la finalización de la competencia (Argentina terminó con nueve triunfos y tres caídas) y por caso los dirigidos por Sergio Hernández jugaron la última ventana con un equipo bastante alternativo y probar jugadores. En esa dinámica, Agustín Cáffaro pudo mostrarse y ganarse la consideración para el mundial.


De cara al 2023, Argentina encabezará esta etapa inicial el Grupo A en América, junto a Paraguay, Venezuela y Panamá, donde avanzarán los tres primeros a la siguiente instancia. La albiceleste tendrá doble tanda el viernes y sábado ante los paraguayos y la continuidad está pactada para febrero del 2022, midiéndose ante venezolanos y panameños.


Un nuevo ciclo, un nuevo desafío para el subcampeón del mundo vigente, ya sin Luis Scola pero con el ADN del Legado a flor de piel, sabiendo de qué se trata jugar con la celeste y blanca y hacia el 2023 apunta los cañones Argentina, afianzando una nueva idea de la mano del Che García y como diría la canción de Joan Manuel Serrat, haciéndose camino al andar.

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