¡LOS LEONCITOS CAMPEONES DEL MUNDO!

¡LOS LEONCITOS CAMPEONES DEL MUNDO!

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Flashes que remiten a otros dos momentos históricos. El primero: Franco Agostini se escapa rumbo al arco vacío de Alemania como en los Juegos de Río de Janeiro 2016 lo había hecho Agustín Mazzilli en el triunfo contra Bélgica; gol argentino, triunfo asegurado y delirio desatado. El segundo: Facundo Zárate levanta la copa del mundo como en el Mundial de Rotterdam 2005 lo había hecho Lucas Rossi tras la victoria frente a Australia; objetivo cumplido y locura celeste y blanca. Flashes que tienen un hilo en común: otro nuevo momento dorado para el hockey argentino.


Los Leoncitos superaron a Alemania por 4 a 2 en la final del Mundial y en Bhubaneswar hay fiesta y locura. Los Leoncitos no sólo vencieron al seleccionado más ganador en la historia del torneo (seis títulos y ahora Argentina igualó a India con dos) sino que se consagraron en un partido dramático, jugado con coraje e inteligencia y momento de un muy buen hockey hasta el final. Para que aparecieran las lágrimas, los abrazos, las sonrisas que serán imborrables y que quedarán grabadas para siempre.

El partido comenzó a jugarse por parte de los dos como lo que era: una verdadera final. Con un título muy importante en juego. Entonces se vio precaución, paciencia para recuperar la bocha y un desgaste físico tremendo desde el primer minuto del encuentro. Dos adversarios que se conocían por haber jugado en la fase de grupos (los alemanes le provocaron a los argentinos su única derrota en el torneo) hicieron que aquellos minutos iniciales además fueran de estudio, sin que ninguno se animara a tomar riesgos. 


Argentina se hizo fuerte en su bloque defensivo con Zárate y Sarto alternándose la función de líbero para interceptar y salir rápido en ataque. Alemania tenía más la bocha pero no lastimaba.


Hasta que a los 10 minutos Capurro recibió de espalda en el círculo y provocó el primer corner corto para los Leoncitos. Fue el cordobés Lautaro Dómene con decisión y fe. Y puso el 1-0. Una buena sensación: primer corto, primer gol para enterrar el déficit en la efectividad de aquel partido de la primera ronda en el que Argentina había acertado sólo un fijo de los siete que había tenido...


Argentina siguió con el control. No de la bocha pero sí del partido. En lo psicológico el equipo de Lucas Rey fue haciéndose cada vez más fuerte y aunque no pudo aprovechar el hombre de más que tuvo durante 10 minutos por la amarilla a Hayner (bajó el palo de una manera peligrosa y cortó en el pómulo a Toscani), recién a los 25 minutos llegó al segundo corto cuando Zárate buscó el círculo y la pelota pegó en un pie alemán. Esta vez hubo una combinación en la base con el propio capitán y Dómene puso el 2-0. 

Argentina, de esa manera, cumplía un primer tiempo ideal: dos goles de ventaja, un trabajo táctico perfecto que maniató a los alemanes -fue clave el bloqueo de los delanteros para facilitar la recuperación de los volantes- y un adversario que, sin fineza en su juego, de a poco fue derrumbándose en lo anímico. Sin embargo...


El tercer cuarto fue totalmente distinto. Fueron 15 minutos de un dominio absoluto del perdedor ante un rival que no pudo salir jamás de su propio campo. Si Argentina recuperaba la bocha, enseguida la volvían a tomar los alemanes. Fue un calvario ese cuarto de hora en el que a los 6 minutos Julius Hayner aprovechó una desinteligencia entre Marcucci, Zárate y Hernando para achicar la distancia.


Y Alemania fue por más, claro. Y a los 17 encontró el empate parcial con el fijo de Masi Pfandt. El trámite había cambiado. Los alemanes eran otros; los argentinos, también. Pero apenas tres minutos después del 2-2, los Leoncitos tuvieron un nuevo corto. Y Dómene estableció el hat trick que, por otra parte, le permitiría ser el MVP de la final.


Quedaban 10 minutos de sufrimiento aunque tomó otra actitud el campeón. No se quedó tan atrás. Se adelantó en el campo. Y así Alemania no lastimó tanto. Tuvo algunos revolcones Hernando, pero no más que eso. Hasta que a 120 segundos del cierre el entrenador Johannes Schmitz ordenó la salida de su arquero Brinckman. Se la jugó. Pero no le alcanzó. Porque sobre el final vino la corrida memorable de Agostini. Para el 4 a 2 definitivo. Para que Argentina alcanzara la gloria. Como en Rotterdam, hace ya 16 años...


 Argentina es otra vez campeón. Gracias a sus jugadores y a su cuerpo técnico. Gracias a los sponsors de la Confederación Argentina de Hockey y, principalmente, al constante apoyo del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo. Y gracias a un hockey que volvió a dar un golpe potente en la gran mesa del deporte mundial.