Durante décadas, los 10.000 pasos diarios se han presentado como una frontera casi obligatoria para mantenerse activo. Sin embargo, según explica que.es, el origen de esa cifra no está en una recomendación médica, sino en una campaña comercial japonesa de 1965.
Un nombre pegadizo convertido en norma
La empresa Yamasa lanzó entonces un podómetro bautizado como Manpo-kei, una denominación que puede traducirse como «medidor de 10.000 pasos». El número era sencillo de recordar, parecía una meta alcanzable y encajaba bien en los mensajes publicitarios. Con el tiempo, aquella referencia de venta pasó a formar parte del imaginario colectivo como si se tratara de un límite establecido por la investigación.
«La caminata es una técnica muy efectiva, pero no es una técnica mágica».
La frase corresponde a Luci Suárez, nutricionista y entrenadora personal, que también subraya la importancia del trabajo de fuerza cuando el objetivo es perder grasa. La especialista advierte además de que convertir el recuento en una obligación puede generar obsesión en algunas personas.
- 4.500 pasos: las investigaciones citadas sitúan a partir de ese nivel una reducción de la mortalidad por cualquier causa.
- 8.700 pasos: el descenso se vuelve más pronunciado alrededor de esta cifra.
- 10.000 pasos: no existe una revisión científica que los haya fijado como un umbral universal.
Caminar sigue teniendo utilidad porque incrementa el NEAT, la actividad física no planificada que incluye acciones cotidianas como subir escaleras, desplazarse en bicicleta o bajarse antes del transporte. El planteamiento recogido por el medio español no elimina el valor de pasear, pero sí cuestiona que alcanzar exactamente 10.000 pasos sea imprescindible para obtener beneficios.
La conclusión de Suárez apunta a una combinación de movimiento habitual y ejercicios de fuerza, frente a la idea de que una cifra redonda pueda funcionar por sí sola como garantía de salud.